
Puedes caminar por arriba de la catedral (sí, por el techo) o pasear por una calle con más tiendas de lujo que de personas (sí, el triángulo de oro es espeluznante). Puedes comer helado sabroso, ir al Restaurante, a la disco o al Nobu, el hotel o el spa de Armani (sí, allá las marcas son imperios mastodónticos). Puedes ir de compras a Tiger (sí, ese “cien pesetas” cool), entrar en La Scale o descubrir la catedral “fashionista” Corso Como. Y es que de Milán nos gustan muchas cosas.








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